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CCOO. POSICIÓN DE LAS MUJERES EN EL EMPLEO

Por Boletin COMFIA - 28 de Febrero, 2008, 12:48, Categoría: MUJERES Y MOVIMIENTO SINDICAL

El reto sindical es que haya más mujeres participando en CC.OO. y con más voz, responsabilidad e influencia

Posición de las mujeres en el empleo

Mejorar el empleo de las mujeres y conseguir la implicación de las afiliadas en los órganos de Comisiones Obreras son dos tareas difíciles pero también ilusionantes.
Lola Liceras

27-02-2008 - En noviembre de 2007 las mujeres de CC.OO. se reunían en unas jornadas en Santiago (A Coruña) para hablar de la situación laboral de las mujeres y de su posición en el sindicato. Se sostuvo la idea de que el sindicato reproduce a la sociedad y, por tanto, la participación de las mujeres en CC.OO. tiene que ver con la posición de éstas en el mercado laboral. Se concluyó que hay que trabajar en los dos frentes, mejorando el empleo de las mujeres y elevando su posición en el sindicato.
La fotografía laboral de las mujeres hoy en España se puede resumir en torno a cuatro ideas: tienen menor presencia en el mercado laboral; la desigualdad de géneros es un problema de todo el país; no existen políticas públicas de igualdad eficaces y falta igualdad de oportunidades para las mujeres.

1.Las mujeres están menos presentes en la actividad laboral que los hombres, aunque se han producido avances espectaculares.
Los avances: en los últimos 10 años hay casi 3 millones más de mujeres activas y el doble de mujeres con empleo, 8 millones. Además de que hay más mujeres que quieren trabajar, hay casi un millón menos de desempleadas, y aunque previsiblemente no vamos a alcanzar la tasa media de empleo femenino, señalada como objetivo europeo para 2010(1), estamos mucho más cerca, a 7 puntos, y todavía quedan 2 años. Las causas de estos avances hay que buscarlas, por una parte, en la decisión irreversible de las mujeres de ser activas laboralmente, y de otra parte en el modelo de crecimiento español de los últimos años, basado en los Servicios más intensivos en mano de obra (empleos feminizados), además de en la construcción. Así, la todavía muy fuerte segregación ocupacional por sexo ha “favorecido” el mayor crecimiento del empleo entre las mujeres, aumentando a su vez dicha segregación.
Las diferencias: aunque las mujeres en edad de trabajar son más que los hombres (700.000 más), las que se declaran activas laboralmente, las que quieren tener un empleo, son 3 millones menos que los hombres. La tasa de actividad de las mujeres es inferior en 20 puntos porcentuales a la de los hombres. De todas las mujeres que quieren tener un empleo (activas), lo consiguen tener menos de la mitad, el 44%, mientras que los hombres con empleo son el 65% de los activos. La tasa de empleo de las mujeres es 21 puntos inferior a la de los hombres. Y aunque las mujeres están menos presentes en la actividad laboral que los hombres, hay más mujeres paradas (200.000 más). La tasa de paro femenina es más de cuatro puntos superior a la masculina. En 20 provincias españolas ya hay pleno empleo masculino(2) y 11 están próximas, pero en ninguna lo alcanzan las mujeres.

2.La desigualdad laboral de las mujeres no es sólo un problema de mujeres, es un problema de país.
Los hombres españoles son “iguales” a los europeos (UE 25). Tienen tasas de actividad y de empleo incluso superiores, y la tasa de paro es ligeramente inferior. Son las mujeres españolas las “diferentes” a las europeas, con una tasa actividad inferior en 3 puntos, una tasa de empleo 4 puntos inferior, y una tasa de paro 3 puntos superior. Por tanto, si España sigue siendo negativamente diferente a Europa en empleo, lo es sólo porque las españolas van por detrás de las europeas, incluyendo en esta afirmación a las extranjeras que trabajan en nuestro país. En definitiva, el problema lo tienen las mujeres, pero se convierte en un problema de todo un país.

3.La mayor presencia de las mujeres en la actividad laboral se debe más a estrategias individuales que a políticas públicas de igualdad.
Para estar presentes en el empleo y “compensar” la discriminación, las mujeres han hecho todo lo que está en su mano siguiendo dos estrategias individuales que han dado un resultado colectivo: estudiar más para poder competir mejor con los hombres por los empleos disponibles -hoy hay más universitarias que universitarios-, y no tener hijos, o pocos, para evitar la dedicación y, con ella, la exclusión laboral -tenemos la menor tasa de natalidad del mundo. Las mujeres han cambiado radicalmente en sus estrategias educativas, familiares y laborales, pero los hombres no han cambiado en ninguna de las tres. Por esto es tan importante la aplicación de la nueva Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres(3).

4.En el desarrollo de la carrera profesional de las mujeres no hay sólo un problema de conciliación, sino de discriminación y de falta de igualdad de oportunidades.
Aunque debemos seguir reivindicando políticas de conciliación (para todos), hay que deshacer la idea de que las mujeres ”renuncian” a una vida activa laboral, social y política por los problemas de conciliación, y hay que centrarse en la falta de igualdad. Veamos algunos ejemplos: el 25% de las mujeres trabajan a tiempo parcial (involuntariamente), aunque estos empleos son los que más dificultan la conciliación, mientras que sólo el 4% de los hombres tiene este tipo de empleo. Las jornadas de trabajo más irregulares están entre las cajeras de grandes superficies comerciales o entre las trabajadoras fijas discontinuas de la industria agroalimentaria. En los ámbitos de poder también el tiempo de trabajo es irregular y la “disponibilidad horaria” es total. Pero cada vez hay más mujeres que aceptan incluso una movilidad geográfica para ocupar una responsabilidad, en los partidos políticos y en los sindicatos. Y estas mujeres, que se mueven en ámbitos “masculinos”, hablan poco de sus problemas de conciliación. La conclusión es que las mujeres “cargan” con los problemas de conciliación para estar donde quieren estar y si no lo están es, fundamentalmente, porque sigue habiendo discriminación. Veamos más datos: el empleo de las mujeres se concentra en siete ramas de actividad4, con un peso creciente. Además, hoy hay más trabajando en el servicio doméstico que en las administraciones públicas y tantas mujeres trabajando en la hostelería como en la educación, y esto contribuye muy poco a “modernizar” el país. La intensa llegada de población laboral inmigrante, ocupada en esas actividades, ha acentuado los desequilibrios.
Estos datos no deben ocultar que también hay más mujeres ocupadas con formación media y alta, de hecho son ya algo más numerosas que los hombres entre los “técnicos y profesionales superiores”, pero la segregación ocupacional sectorial no está disminuyendo. La persistencia de la discriminación se confirma porque “no se pasa con la edad”. Las jóvenes soportan más paro que los jóvenes, tanto las de un nivel bajo de estudios, como las de estudios superiores. Es ilustrativo el comentario de una titulada joven en busca de empleo: “Estudié ingeniería industrial siguiendo el consejo del Instituto de la Mujer, pero no me contratan porque en las obras y en el montaje no hay mujeres”. Las mujeres han optado por trabajar en las administraciones públicas porque el acceso es más objetivo, y ya representan la mitad de este empleo. Pero aquí tampoco “están a salvo” de la desigualdad. Hay un hecho que debería hacer saltar todas las alarmas; la tasa de temporalidad de las mujeres en el sector público está creciendo y es ya 13 puntos porcentuales superior a la de los hombres, cuando en el sector privado se reduce y la brecha no llega a un punto.
En resumen, los retos laborales que hay por delante son incrementar la tasa de actividad de las mujeres –que haya más mujeres dispuestas a tener un empleo-, reducir su tasa de paro -sobre todo de las que tienen más dificultades de inserción laboral-, y reequilibrar la fuerte segregación ocupacional –que tiene mucho que ver con cambiar el modelo productivo de nuestro país-. Y el reto sindical es que haya más mujeres participando en CC.OO. y con más voz, responsabilidad e influencia.

Lola Liceras (lliceras@ccoo.es) es la responsable de la Secretaría Confederal de Empleo de Comisiones Obreras.

1 - El Consejo Europeo de Lisboa (marzo 2000) fijó el objetivo de alcanzar una tasa de empleo para las mujeres en 2010 del 60%.

2 - Tasa de actividad igual o mayor al 80% y tasa de paro igual o menor al 5%: Álava, Ávila, Barcelona, Burgos, Castellón, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Guipúzcoa, Huesca, Lleida, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra, Segovia, Soria, Toledo, Valencia, Zaragoza.

3 - Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo.

Revista Trabajadora

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